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Dos semanas en la Escuela Nacional de Circo de Montreal • Casa de Artes y Circo Contemporáneo
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Dos semanas en la Escuela Nacional de Circo de Montreal

Entré por primera vez a este lugar hace 4 años, no imaginaba a dónde me llevaría. Haber ido a un campamento de verano en la Escuela Nacional de Circo de Montreal, fue sin duda una experiencia inefable.

Había personas entre 13 y 17 años de todo el mundo. Compartiríamos, lo que para unos es un gusto y para otros una pasión. No había divisiones como aquellas que algunos se han inventado para establecer cierto orden en el mundo, solo había circo. Me sentía un poco asustada al principio imaginando el nivel y los monstruos que vería; sí me los encontré, pero no como creía, cada uno destacaba con lo suyo, un bagaje de posibilidades que cada uno presentaba. No me quede atrás en ninguna clase, más que a la técnica, lo atribuyo a la actitud que desarrollamos y eventualmente adoptamos en La Casa. Durante el entrenamiento oía esas voces diciendo: “Estira las piernas, apunta los pies, empuja, no pares”, lo usual y también aquellas que me permitieron disfrutarlo como mejor pude, esas que en un principio me parecían nimias y me costaba entenderlas: “no sirve si no lo disfrutas, menos es más, aférrate a la vida, no veas al piso, voltea a ver el espejo, agradécete.” No hubo día en el que no me acordara y agradeciera a cada uno de mis maestros por ser y compartirse.

En “La Fábrica” he encontrado que lo maravilloso del circo es que no hay virtuosismo y ya, competencia y ya, técnica y ya, fotos bonitas… hablar de circo contemporáneo es hablar del encuentro de lo que el ser humano es capaz de hacer, tanto en el campo físico como en el intelectual, donde la imaginación y la creatividad toman su lugar; el lugar donde soñar despiertos, algo que a veces se nos va, se encuentra. En verdad que allá lo viví.

Me di cuenta del enorme potencial que México tiene en el mundo artístico, indudablemente también en otros campos, pero pude vivir el lugar que tenemos en este gremio con respecto al resto del mundo. Tenemos los recursos para llegar a donde queramos estar.

Lejos de estar triste por regresar, estaba emocionada por tener personas con quienes compartir lo vivido. No lo viví como algo efímero, algo quedó y quiero compartirlo. No acostumbro a exageraciones ni cursilerías, pero esto es verdad, nunca me había sentido tan orgullosa de venir de donde vengo, tanto de México como de esta maravillosa familia, Casa de Artes y Circo.